Cada vez se me hace más difícil saber lo que quiero realmente. A veces se presentan ante mí destellos… como visiones del futuro donde me imagino en tal o cual situación. Sueños, anhelos…. Pero la vida es tan incierta y llena de opciones que las posibilidades parecen infinitas.

Lo que cada vez se hacen más consistentes y definitivos son los NO. Podría afirmar que hay cosas a las que no volvería.

Ser padre me puso en una situación de enorme responsabilidad, y no me refiero a la que se debe asumir ante los hijos, sino al espejo que nos va a proyectar el reflejo de lo que verdaderamente somos. La responsabilidad de asumir quien soy como persona.

Respeto mi cuerpo, quiero el bienestar de los demás, quiero un planeta limpio. No volveré a fumar. No volveré a comer alimentos de origen animal. No volveré a dejarme llevar por la corriente. No deslindaré mis responsabilidades en otros. No volveré a trabajar con horarios estructurados. No volveré a buscar la felicidad en las cosas materiales…

Sé que suena a definitivo, que uno no sabe lo que la vida le va a deparar y que es muy arriesgado afirmar algo de manera tan definitiva. Pero no podemos dejar nuestra vida librada al azar. HOY es HOY. HOY digo NO a estas cosas. Todo esto es lo que NO QUIERO para mí.

Muchos no… pero que en definitiva, me van orientando en el camino… son noes que me van dando pequeños golpecitos que acomodan… que me van manteniendo en la dirección aproximada donde quiero llevar mi vida.

Como la expresión popular del vaso lleno y el vaso vacìo. Ambas realidades existen, no es lo que vemos, es lo que elegimos. Personalmente sigo sin saber con certeza lo que en lo profundo de mi ser quiero de mi vida… pero saber lo que no quiero me está ayudando a tomar decisiones y a ponerme en movimiento…

Cada NO, abre un enorme SI. Y allá voy, en su búsqueda.