Sí. Ya sé que el famoso es Pérez. Ni se te ocurra mencionárselo a Gómez que se pone como loco.

¿En qué cabeza cabe que un solo ratón puede con todos los dientes caídos de todos los niños del mundo? Ok, sé que en algunos países están las Hadas de los dientes… Pero exactamente por eso, aquí compruebo mi punto. Las hadas de los dientes deben ser cientos, miles… tantas como dientes se necesiten por esos lares.

Ahora… que me quieran hacer creer que un solo ratón se hace cargo del resto de dientes -no digo del mundo- aunque sea solo de estos pagos… ¡Vamos! Ese Pérez nos engatuzó a todos, o mejor dicho, nos enratonó.

El ratón de mi familia, el que venía a buscar los dientes cuando vivía en Barracas antes que pasara la autopista, ese ratón era Gómez.

Imagino que por Almagro trabajaría el ratón López, en Avellaneda el ratón Fernández, y en Martínez el Ratón Martínez.

Digo yo, porque aparte de la capacidad física que puede tener un ratón para transportar dientes de leche, no olvidemos que hace falta un buen capital para llevar a cabo tamaña empresa… Ya sé que muchas veces se trataba de monedas, o dos o tres pesos, pero monedita más monedita, buena fortuna debería disponer un solo ratón para financiar esas anunciadas caídas.

Encima ahora, con el avance de la tecnología, andá a entrar así como así en una casa si sos ratón.

Antes bastaba con birlar al gato, a lo sumo una trampera… Ahora, entre venenos, cebos electrónicos, casitas con pegotes… ¡el riesgo es altísimo! Igual, los ratones de los dientes son bastante astutos. Caerán los dientes, pero ellos no caen así como así. Yo que vos, antes de escribir en la cartita de agradecimiento “Ratón Pérez”, le preguntaría su nombre… digo, por ahí, si se llegan a conocer mejor, con la próxima paleta que se te caiga te deja un billete de cien.

Por Mariano Pose
Ilustrado por Guadalupe Vallejo