Definitivamente somos lo que comemos. Lo que ponemos en nuestra mesa o llevamos a la boca de nuestros hijos nos define como personas. A veces sin darnos cuenta, otras mirando para otro lado, cada decisión que tomamos marca un camino que a medida que avanzamos, es más difícil desandar.

Para opinar sobre la vida de los demás sacamos chapa de expertos. Nos indignamos con tanta facilidad sobre el comportamiento o las actitudes de los demás que a veces me asusta. La paja en el ojo ajeno ya es prácticamente una sutil ironía frente al fardo de heno que tenemos enquistado en nuestra córnea.

Si tan solo pudiéramos relajarnos un poco, respirar hondo y… pensar.

Ya no consumo alimentos de origen animal, trato de evitar los que son procesados y priorizo los de origen orgánico. Me cuesta entender como tardé tantos años en dar ese paso. Yo, una persona informada, sensible… ¿cómo no me preocupé antes en saber de dónde provenía lo que llevaba a mi boca, o lo que podía hacerle a mi cuerpo?

Vivimos en piloto automático. Una vez leí que nuestro cerebro prioriza en cada decisión el camino más fácil, lo que consuma menos energía. Y siempre lo más fácil es hacer lo que hacen, dicen o te piden los demás. ¿Para qué gastar energía en cuestionar, en preguntar por qué?

La leche es buena para los huesos. Necesitamos mucha proteína para estar fuertes. Tenemos comer de todo porque somos omnívoros. Los gobiernos generan políticas para el bienestar de las personas. La tecnología alimentaria busca erradicar el hambre en el mundo. Ok. Ok. Ok. Ok. Ok. Y así seguimos, asintiendo impasibles entre bocado y bocado mientras el mundo se desmorona ante nuestros ojos.

¿Alguna vez pensaste qué contiene o de donde viene el pancho y la coca que ponés en el plato de tu hijo? Creo que nadie duda que por ellos daríamos la vida, y sin embargo, la mayoría de las veces no hace falta llegar a tal extremo… bastaría con que pensemos que vida queremos darles. Los expertos afirman que esta generación de niños vivirá menos que sus padres. El tipo de vida y alimentación que llevamos trae de la mano las principales causas de muerte de nuestro siglo. Y seguimos confiando en que la medicina es la que nos va a salvar.

Nuestro cuerpo, nuestra salud, nuestra vida y la de los demás seres vivos está en nuestras manos… esas manos que preparan y ponen la comida en el plato.