Estábamos embarazados de Camila (y escribo “estábamos” … ya que si bien la panza la ponía Alejandra, el amor lo pusimos los dos) y ahí, arrumbado en un rincón de la biblioteca, nos miraba de reojo el “Duérmete niño”… Debo reconocer que yo apenas lo ojeé… ya había escuchado de parejas amigas lo fantástico del sistema para que a los pocos meses tu bebé ya durmiese solo en su cuna, en su propia habitación, para que la pareja retome su tan ansiada intimidad… pero Ale, no tuvo la necesidad de avanzar demasiadas páginas para darse cuenta que jamás podríamos ponerlo en práctica…

Y ahí quedó. Pasaron los meses, llegó Camila y fue recién a los cuatro meses aproximadamente cuando Ale asistió a su primera reunión en el grupo de lactancia…  y un nuevo universo comenzó a abrirse ante nosotros.  Descubrimos que no éramos los únicos a los que no les “cuadraba” esto de dejar a los hijos llorar, no alzarlos, tratar de calmarlos hablándoles como si de un adulto se tratara pero ¡sin tocarlos! Y así comenzaron a circular por casa los libros de Carlos González, Laura Guthman, innumerables blogs y páginas web que nos mostraban que existían otros caminos posibles… pero que en definitiva, nos ayudaban a estar más seguros al hacer cosas que en lo más profundo de nuestro ser, las sabíamos correctas. Ahora a la distancia sé que la paternidad me permitió pararme desde otro lugar, y comenzar a cuestionarme tantas otras cosas, pero eso será tema de otro posteo.

Volviendo a la teta, y ya con Camila de 5 y medio y con Lauti de 1 y medio, puedo dar fe de que la lactancia existosa, va de la mano de un compromiso de la pareja. Cuando Ale decidió sostener la lactancia más allá de los seis meses exclusivos (y acá aclaro que comulgo con que la decisión debe ser de las mamàs, y los papás debemos respetar y acompañarlas en ello), me puse muy feliz, porque sabíamos que era lo mejor que podíamos brindarle a nuestra bebé.

Y ahí comenzó todo… ella a dar la teta, y yo a hacer  todo lo posible para favorecer que mi pareja y mi hija pudiesen disfrutar plenamente de ello.

Un papá da la teta porque:

  • Mamá necesita tiempo con el bebé, no solo de calidad (¿existe acaso otro tiempo posible con un hijo?) y para ello, si estamos en condiciones financieras de ofrecerles que si es su deseo no regresen a su trabajo y extiendan la licencia, hagámoslo.
  • Mamá necesita saber que la acompañamos en esto. Todos de afuera opinan y minan permanentemente la confianza.. Debemos ser un sostén y apoyo permanente. Debe saber que pase lo que pase, si ella decide seguir adelante con la lactancia, estaremos a su lado.
  • Mamá necesita estar tranquila y relajada, con la energía puesta en el bebé. Especialmente los primeros meses. No les llevemos preocupaciones y hagamos las pequeñas tareas que en otro momento hacíamos ambos… ni le mencionemos problemas domésticos que solo logren preocuparla.
  • Mamá necesita estar con el bebé, y el bebé con ella. Somos grandotes como para ponernos celosos. Hagamos un paso al costado un tiempo. Dejemos de reclamar atención o mimos para nosotros.

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