Esto que ahora les voy a contar es una historia muy especial… Muy especial porque el personaje de esta historia es un pulpo muy especial… Y es especial por tres motivos:

Primero porque el nombre de este Pulpo es un nombre especialmente original. El pulpo de esta historia se llama: JORGE. Si si, lo sé… vos me dirás ¿Qué tiene de original o especial llamarse Jorge? Y yo te digo que para un pulpo, JORGE es un nombre muy pero muy original… ¿o acaso alguien de ustedes conoce algún pulpo que se llame Jorge? ¿vieron?
Como les decía, en primer lugar es especial por su nombre… En segundo lugar, es especial, porque a diferencia de los otros pulpos que tienen ocho brazos, el pulpo Jorge tiene siete brazos… Y no crean que eso le preocupa… ¡para nada! Es más, Jorge no entiende como hacen los demás pulpos del océano para vivir con un brazo de más…  ¡Porque Jorge sabe que SIETE es el número perfecto!

Siete son los días de la semana, siete las maravillas del mundo, siete las notas musicales, siete los colores del arcoiris, en definitiva, ¡siete es la cantidad de brazos perfecta para un pulpo!
Entonces, como les contaba, uno; es especial por su nombre, dos: por la cantidad de sus brazos y tres, porque en realidad todos somos especiales… cada uno de nosotros, incluidos los pulpos, somos especialmente especiales a nuestra manera…
Y ahora sí, ya que conocemos a Jorge, vamos a contar lo que una vez le sucedió a este Pulpo tan especial…

Una mañana, como todas las mañanas, Jorge se despertó como despiertan los pulpos, bostezó como bostezan los pulpos, se desperezó como se desperezan los pulpos y salió de la roca donde vivía en el fondo del mar… Como solía hacer todas las mañanas cuando se levantaba, Jorge, brazada a brazada, nadaba disfrutando del paseo matinal para llegar a su lugar favorito del océano: el arrecife de corales.

¡Cómo adoraba el arrecife! ¡Nada lo hacía más feliz a Jorge que pasearse entre los colores que brillaban cuando los rayos del Sol se filtraban entre las olas… verdes intensos, anaranjados brillantes, azules profundos, rojos, amarillos, violetas… Cientos de tonalidades, texturas y formas hacían del arrecife de corales un verdadero paraíso no sólo para Jorge, sino para todos los que vivían en el océano…

Pero ese día, algo extraño detuvo la atención de Jorge… Algo andaba mal… podía percibirlo con ese séptimo sentido que tienen los pulpos…. Su habitual sonrisa se fue desdibujando poco a poco a medida que se acercaba a ese rincón del arrecife que le había llamado la atención. El conocía perfectamente cada riconcito… y en el recodo donde antes brillaba un azul intenso con reflejos verdosos, ahora una mancha blancuzca empezaba a desteñir el coral… Una mancha tan blanca como el color que se puso la cara de Jorge al darse cuenta lo que eso significaba…

Los arrecifes de coral son como los termómetros de los océanos… si al arrecife le pasa algo, quiere decir que algo anda mal en el océano….  Jorge dejó caer una lágrima, cosa muy difícil de notar en un pulpo que está sumergido en el agua. Tomó coraje, y se dispuso a hacer algo que nunca antes un pulpo se había animado a hacer en todo el océano….

¡Y hasta ahí llegué! ¿Me ayudás a terminar la historia? Mandame dibujos, ideas, ocurrencias de cómo puedo seguir el cuento.

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